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Constructivismo | Grupo Gutiérrez Cabrero
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Les enseñé una fotografía de la Torre Eiffel y dije: “eso que pensáis que es nuevo ya se ha hecho. Construid casas funcionales o cread arte puro, o ambas cosas. No confundáis una cosa con otra. Ese arte no es puro arte constructivo, sino una mera imitación de la máquina”

Naum Gabo

Hacia la última mitad del siglo XX se produjo un movimiento cultural paneslavo que se manifestó en una amplia revitalización de las artes. A pesar de la vitalidad exuberante del movimiento, la arquitectura seguía dividida en corriente clásica y movimiento nacionalista romántico, e independiente del desarrollo de la ingeniería.
Fue de gran influencia la organización para la cultura proletaria o Proletkult, que pretendía regenerar la cultura mediante una nueva unidad de la ciencia, la industria y el arte, y su ideólogo, Bogdanov, se relacionaba con las grandes figuras del suprematismo, como Malevich.
Hacia 1920 se funda en Moscú el Injuk y los Vutemas, institutos dedicados a la ensñanza del arte y el diseño, y son escenario de la disputa entre las principales corrientes constructivistas, de los idealistas místicos (Malevich, Kandinski) y los artistas objetivos (hermanos Pevsner) contra los productivistas (Tatlin, Rodchenko, Gan). Mientras tanto, la idea clásica del internacionalismo se desvanece en los años veinte junto con las esperanzas de una revolución mundial, iniciando la fase más autártica de la construcción del socialismo en un solo país.

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Hacia 1920 había surgido espontáneamente una cultura específicamente proletaria por las necesidades de comunicación de la Revolución y por las necesidades de la población con deficiencias básicas. La escasa alfabetización provocó que el arte gráfico fuese esencial en la difusión de la propaganda, adoptando forma de arte callejero de gran escala, exhibidos en trenes y barcos del Agitprop y diseñados por los artistas del Proletkult. Los medios utilizados fueron el cine, el diseño gráfico y la producción teatral, con el Teatro de Octubre.

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La proclama octubrista de Meyerhold describía un teatro con una pista escénica iluminada que uniese actores y público y una modalidad antinaturalista de la producción mecanizada que presentaba al actor-acróbata como tipo ideal para el escenario biomecánico. Pronto, Lenin repudió a Bogdanov oficialmente y el Proletkult se vio sometido a la autoridad del Narkompros, pero su espíritu siguió vivo, por ejemplo en el cine de propaganda, como en la Aelita de Yakov Protazanov.

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De entre los primeros intentos para formular un estilo socialista para la arquitectura, está la propuesta de Lissitzky prara una Tribuna de Lenin, proyectado como un proun e intencionadamente irrealizable. La propuesta del grupo productivista la realizó Tatlin con su monumento a la Tercer Internacional, proyectado como dos helicoides triandulados yy entrelazados dento de los cuales debía ir suspendidos cuatro grandes volúmenes trasparentes, cada uno de los cuales giraría a una velocidad progresivamente mayor: una vez al año, una vez al mes, una vez al día. Los volúmenes estaban dedicados, respectivamente, a la rlegislación, la administración, la información y la proyección cinematográfica. Es una metáfora de de la armonía de un nuevo orden social, rebosante de simbolismo milenarista tanto en su forma como en sus materiales.

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A pesar de la gran voluntad de progreso, los arquitectos no comprendieron lo cambios de y acabaron al borde de la impotencia completa por no comprender que el desarrollo de la técnica, en aquella Rusia, significaba transformar una economía agrícola en un moderno organismo industrial. La disparidad entre la visión de una técnica sobrecargada y la realidad de una industria de la construcción primitiva y atrasada arrastró a los arquitectos a un esteticismo vano, ya que se vieron forzados a reproducir las formas adulteradas de una técnica avanzada en ausencia de unos medios reales.

Toda la intensa autoafirmación con la que los funcionalistas enunciaron su credo no pudo enmascarar ni la aridez de su doctrina ni la esterilidad de su práctica. Los pocos edificios de la época que quedan en pie son testigos de ello.

Berthold Lubetkin, 1956

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El constructivismo ruso es el movimiento arquitectónico que mejor se conoce en occidente. Para la cultura nacional rusa, en su totalidad, el período del vanguardismo ruso en el arte, y particularmente, en el campo de la arquitectura, es un periodo que comprende una parte muy importante de esta cultura.

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Los rusos han ocupado un ambiente cultural -muy sugestivo- gracias al vanguardismo desde la primera década del siglo veinte. El constructivismo ruso fue un buen momento para la historia de la arquitectura. Pero, sobre todo, es una parte importante de esa historia del vanguardismo -como escuela y como tendencia arquitectónica-. Así, como también, es la parte más importante de este original movimiento artístico de ruptura con la tradición rusa. El constructivismo ruso -como concepción vanguardista- fue capaz de dar muchas ideas nuevas para la arquitectura: esa corriente de la arquitectura universal que se llama “desconstructivismo” por ejemplo, y que está enraizada dentro del constructivismo ruso. El constructivismo ruso tuvo el acierto de no conformarse con el “prolekultur”, sino que solo formó parte de ese “prolekultur”. El “prolekultur” fue una corriente de extrema izquierda en todo el arte, en toda la cultura rusa, que buscaba una nueva unidad entre la ciencia, la industria y el arte. Y, con mucha lucidez política, el constructivismo formó parte orgánica de este movimiento cultural.

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Metido en esa vanguardia, el constructivismo ruso no fue un movimiento más de los tantos que existieron. Sucedió que el constructivismo ruso dentro de todas estas tendencias nuevas impulsó mejor su concepción, y fue el único movimiento arquitectónico y pictórico que logró realizarse totalmente en la práctica. Estos proyectos “altisonantes” de los constructivistas llamaron mucho la atención occidental, y está acción “proyectual” levantó la propaganda hacia el constructivismo como movimiento artístico. No por eso dejaron de existir otras tendencias que no eran menos interesantes que el discutido constructivismo. El constructivismo fue el único movimiento ruso que logró captar la atención a nivel mundial en el exterior.

Vladimir Tatlin fue un excelente pintor ruso, el más ilustre representante del constructivismo pictórico desde la época en que se formó el movimiento donde estaban otros como Malevich, Rodckenko, Kandinsky y Gan Lissitzky, entre otros, que crearon grandes “obras” para el conjunto de las artes plásticas y el diseño gráfico dentro del vanguardismo. Esta época estuvo muy caracterizada: los pintores “proyectaban” y los los arquitectos “dibujaban”. De la pintura se llegó a la arquitectura. Se puede decir que el símbolo del vanguardismo arquitectónico de los años veinte fue el proyecto de Vladimir Tatlin para el edificio en la III Internacional Comunista. Aprovechando los nuevos materiales de los últimos tiempos, y de las nuevas “estructuras” con el uso del hierro, el cemento, y el nuevo estilo espectacular del concreto “armado”.

El “proyecto” de Tatlin es un proyecto fantástico: el arquitecto ha creado una nueva imagen, un nuevo lenguaje para la arquitectura y para el arte. Era un “proyecto” extraordinario, una visión filosófica nueva. Era un edificio que miraba hacia el futuro: la forma del edificio era una “espiral”. Una “espiral” que se desarrollaba de abajo hacia arriba, un edificio inclinado y con un ángulo de inclinación que coincidía con el ángulo de inclinación de la tierra. El edificio de Tatlin era una “estructura” que se desarrollaba y se lanzaba hacia el futuro. La “espiral” nos hace recordar el desarrollo de la humanidad de abajo hacia arriba, era un icono simbólico del progreso. Era una visión del “futurismo”. Sin embargo, este edificio era una reminiscencia fiel a la imagen “historicista” de la Torre de Babel, algo que nos remitía al Génesis –según el designio divino de poblar la tierra de habitantes reunidos en la llanura del Senaar-, después del Diluvio, cuando decidieron construir aquella célebre torre bíblica: donde Dios confundió milagrosamente el lenguaje de los constructores de ese vasto monumento llamado Birs-Nimrud; o un enorme parecido al “babélico” cuadro del holandés Brueghel llamado también “Torre de Babel”. La misma congruencia edificable -era esa imagen de Tatlin-, que alternaba y friccionaba muy bien -en altivez- con la Torre de Eiffel (a cuya fastuosidad “futurista” le expresó más tarde su admiración Vladimir Maiacovski en su poema Conversando con la Torre de Eiffel).

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Vídeo sobre el origen del proyecto del monumento a la III Internacional Vladimir Tatlin (interesante a partir del minuto 1:28): 01

El trabajo de Tatlin no fue solamente construir un icono, una obra monumental, sino este edificio era para albergar el trabajo de la III Internacional Comunista. Y, aquí, se puede volver al contenido del termino constructivismo. Hay una opinión –tergiversada- que los constructivistas son aquellos arquitectos que experimentaban con las “estructuras”. La semántica de la palabra “construcción” en ruso no significa “estructura”, sino “edificación”. El constructivismo esperaba -entonces- con esta palabra no referida a las “estructuras” sino a las “edificaciones” del mundo, hacer “un cambio” en el mundo, y generar ciertos procesos sociales de “cambios” a través de la arquitectura.

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El materialismo y el pragmatismo en la obra arquitectónica de Ginzburg es también “el ultimo suspiro” del constructivismo. Se puede afirmar que Ginzburg fue una de las figuras más representativas del constructivismo arquitectónico, y se puede decir también que era el ideólogo. Filosóficamente, el constructivismo era un movimiento cultural que estaba relacionado con los grupos de arquitectos constructivistas. En la cultura rusa, espontánea y rigurosamente, o quizá, insólitamente, es “la regla de oro” de la cultura rusa donde se mezclan las cosas que parecen ser muy distintas. Por eso -en el constructivismo- se mezclan el positivismo con el pragmatismo, el realismo con lo fantástico, un idealismo insólito con un racionalismo permanente. El constructivismo, como teoría y agitación cultural, tenía entre sus “manifiestos” una concepción filosófica, una ideología idealista para transformar el mundo. Los arquitectos constructivistas se contradecían, pretendían hacerlo con “métodos” muy concretos, con “postulados” y “teoremas”, con propuestas matemáticas e ingeneriles, y con teorías muy pragmáticas.

La Asociación de Arquitectos Contemporáneos (OSA) que de manera formal estaba bajo la dirección de Lissitzky era una organización que presionaba hacia la modernidad, pero este impulso efectista liquidó un proyecto “futurista” y dió pasó al rígido Plan de Vivienda. Los constructivistas no estaban solos en el escenario de los años 30, había otras tendencias. Ginzburg era el iceberg de cierta tendencia “futurista”, con sus ideas, y teniendo como representantes artísticos a los hermanos Vesnian, ellos se aproximaron a cierto surrealismo. Se acercaron a las formas occidentales de la arquitectura contemporánea, en este vaivén cultural, expusieron sus concepciones teóricas, y Lizzitsky fue el predicador de cierto activismo modernizante en el año 32, donde también destacaron otros arquitectos como Leonidov, Golosov, Melnikov y Ladovsky, entre otros, de gran aporte conceptual y de “proyectos” que han quedado para la posteridad en la historia de la arquitectura, y en “El Constructivismo”.

Estos “sindicatos” de artistas y arquitectos que agitaban , empezaron a ser vistos como emporios de disconformidad, estas uniones independientes y contestatarias fueron declarados fuera de la ley, y se creó otro orden administrativo burocrático, una sola y vertical organización para todos los arquitectos de la Unión Soviética que se llamaba Unión de Arquitectos de la URSS. Esta fue una de las fórmulas represivas que se estilaron durante el régimen duro de Stalin, no solamente para controlar e intervenir en asuntos del oficio de la arquitectura, sino en todas las demás artes, incluidas otras esferas de la vida espiritual y cultural. Fueron prohibidos los ejercicios de diversas profesiones, se formaron organizaciones totalitarias que fiscalizaban las actividades creativas de los arquitectos, pintores, cineastas, músicos y escritores.

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La idea de unir a todos los arquitectos en una sola asociación nació el año 28, en la misma Sociedad de Arquitectos, porque existían tantas tendencias y tantas fracciones que se peleaban entre ellos, y eso distraía la atención de los arquitectos de los problemas fundamentales e importantes. Los iniciadores de esta nefasta iniciativa, los promotores de estas ideas unionistas eran –precisamente- los mismos constructivistas y en particular Guinzburg. No se puede precisar si la OSA., fue un pretexto de los unionistas para liquidarla y suspenderla, de todas formas, habían condiciones para que hubiera terminado así clausurada e inutilizada, desde su interior brotaba un sector estalinista, pro-burócrata, y otro sector: más libre –por lo menos- de las hegemonías políticas. El burocratismo que propició Stalin, contribuyó a que en la arquitectura se diese la proliferación de las construcciones prefabricadas, algo que transformó la arquitectura rusa en monocorde, en una arquitectura de diseño elemental y soso. Los estanilistas decían que no había recursos para construir, y otros decían que no había arquitectos para el diseño de la nueva arquitectura, y se justificaba el pre-fabricado.

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Más referencias sobre arquitectura constructivista soviética:

Alexánder Rodchenko: “Si se desea enseñar al ojo humano a ver de una forma nueva, es necesario mostrarle los objetos cotidianos y familiares bajo perspectivas y ángulos totalmente inesperados y en situaciones inesperadas; los objetos nuevos deberían ser fotografiados desde diferentes ángulos, para ofrecer una representación completa del objeto.”

Vladimir Tatlin - Monumento a la III Internacional (proyecto)

Vladimir Tatlin - Monumento a la III Internacional (proyecto - 1917)

Vladimir Tatlin - Monumento a la III Internacional (maqueta)

Vladimir Tatlin - Monumento a la III Internacional (maqueta)

 Konstantin Melnikov - Leningrad Pravda (Moscú, 1924)

Konstantin Melnikov - Leningrad Pravda (Moscú, 1924)

Konstantin Melnikov - Pabellón Soviético en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París (1925)

Konstantin Melnikov - Pabellón Soviético en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París (1925)

El Lissitzky - Fotomontaje del Wolkenbugel (1925)

El Lissitzky - Fotomontaje del Wolkenbugel (1925)

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